2 feb. 2010

Sobre S

En casa de Carolina Mártel
Mi hermana S. Dos o tres años mayor que yo. S es más o menos así:

Ilustración: por Jordi Labanda

S es el orgullo de mis padres. Suena un poco frívolo decir que para ellos es muy importante que, al llegar sus hijas a cierta edad, estén casadas y bien casadas y con la vida resuelta. Así que supongo que yo que no estoy casada (y mucho menos bien casada) y que no tengo la vida resuelta, soy algo así como la oveja negra de la familia (aunque durante el tiempo que he estado con J, mis padres han vivido encantados de la vida).

S lleva casada con mi cuñado R desde hace dos años más o menos. Recuerdo que, para su boda, yo ya vivía con J (acabábamos de empezar lo que sería la más maravillosa convivencia del mundo mundial) y que estuvimos tooooodo un día preparándonos para ir juntos del brazo. Ahora ella está embarazada y aunque no tiene tanta tripota como mi adorado Jordi ha dibujado en esta ilustración, pronto será más o menos como en esa foto.

Así que sí: voy a ser tía porque mi hermana S va a tener un niño que, seguramente, sea igual de rubio y de guapo que ella. S siempre ha sido más guapa que yo. Bueno, quizá no más guapa, pero sí más... llamativa. Recuerdo que de adolescentes odiaba salir con ella. Yo me tenía que pasar horas arreglándome para ir un poco decente (o sexy, o guapa, simplemente) y ella, con que resaltara sus bonitos ojos verdes (herencia de nuestra abuela) estaba tan preciosa. Siempre fue muy ligona, pero sorpresas de la vida, un día llegó a casa con su novio R y ahora es su marido y el padre del hijo que espera. Qué bonita es la vida.

S trabaja en la tele. No es ninguna famosa, ella trabaja fuera, tocando botoncitos y todas esas cosas. Se codea con algún que otro famosillo (no te creas que con el mismo rey) y está bastante contenta con el trabajo, la verdad. R trabaja en la misma cadena, de cámara, y ambos dicen que un día R tendrá una oportunidad y será director de cine. Una pareja muy televisiva.

Me llevo bien con mi hermana. Tendría motivos para envidiarla, pero es tal el cariño que le tengo, que no puedo ni envidiarla. Sí es cierto que a mí me gustaría pensar que, de seguir con J, me esperaría una vida como la suya, pero todo lo bueno que le pase a mi hermana es bueno, indirectamente, para mí. Llamadme sensiblera, pero la felicidad de S es la mía.

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